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ROSTROS
DE COYAIMA

Julie y Jérôme les invitan a descubrir su finca ubicada a 2.000 metros de altitud, en las alturas de la región cafetera. Pero casa coyaima existe, sobre todo, gracias a quienes le dan vida cada día: los rostros del valle, los vecinos, las familias, los amigos que pasan, los equipos que trabajan la tierra, cosechan el café, cocinan, construyen, transmiten y comparten mucho más que un saber hacer.

Detrás de cada detalle del lugar hay manos, historias y presencias que dan alma a la finca. Algunos conocen estas montañas desde siempre; otros llegaron desde más lejos, pero todos participan en hacer realidad este proyecto colectivo, al ritmo de las cosechas, las estaciones, las comidas compartidas y el trabajo de la tierra.

Casa Coyaima se construyó así, a través de los encuentros y de los vínculos creados con el valle. Más que un simple lugar donde alojarse, es un espacio vivo, profundamente humano, donde las personas importan tanto como los paisajes.

JOSÉ

José es un poco el hijo de la tierra y una verdadera fuerza de la naturaleza. Con él, cada camino adquiere otra dimensión: donde algunos solo ven árboles o una planta al borde del sendero, él distingue un ave a lo lejos, reconoce un insecto escondido entre las hojas o sabe qué fruto estará listo en unos días.

Tiene ese conocimiento instintivo de lo vivo que realmente no se aprende en los libros. Y a menudo bastan unos minutos a su lado para empezar a mirar la naturaleza con un poco más de atención.

JULIE

Gran viajera y curiosa por todo aquello que conecta a las personas, julie siempre ha avanzado guiada por los encuentros, los caminos inesperados y el deseo de descubrir los lugares más allá de lo que aparece en un mapa. Enamorada de Colombia, encontró allí mucho más que un paisaje: una energía, una calidez humana y una forma de vivir que la convencieron de quedarse.

Profundamente unida a las relaciones humanas, imagina casa coyaima como un lugar vivo donde se comparten tanto momentos como historias, donde los encuentros importan tanto como los paisajes y donde cada persona encuentra naturalmente su lugar.

JEROME

Enamorado de colombia desde el final de sus estudios, jerôme mantiene con el país una historia que viene de lejos. Desde sus primeros viajes hasta los años viviendo en la región cafetera, pasando por el deseo de construir un proyecto concreto allí, el vínculo se fue creando con el tiempo y nunca lo abandonó.

Durante la creación de casa coyaima, se le encontraba sobre todo en la obra, casi siempre cerca de una herramienta, de una idea por probar o de un detalle por ajustar. Apasionado por el café y la música colombiana, disfruta tanto hablar de una variedad cultivada en las alturas como compartir una playlist, contar una historia local o iniciar una conversación que suele terminar un poco más tarde de lo previsto alrededor de un cafecito.

SEBASTIAN

Entre dos mundos. Franco-colombiano, Sebastián imagina y crea las experiencias que permiten descubrir Casa Coyaima y su región. Entre sus dos culturas, tiende puentes entre los viajeros y una Colombia auténtica, viva y generosa. Su terreno de juego: los encuentros, las buenas direcciones, los caminos menos transitados… y todo aquello que permite descubrir Colombia de otra manera.

ANGELA

La sonrisa de Pijao. Nacida en Pijao, Ángela conoce la región y a sus habitantes desde siempre. En Casa Coyaima, se ocupa con discreción y dedicación de que cada espacio esté impecable y sea acogedor. Siempre con una sonrisa, aporta a la casa ese toque cálido y sencillo que hace que uno se sienta como en casa desde el primer momento.

ALBERTO

De la huerta al plato. Franco-argentino, Alberto cultiva en Casa Coyaima mucho más que verduras. Apasionado por el huerto y la cocina, le encanta cultivar, experimentar, probar… y luego transformar las cosechas de la finca en platos generosos y llenos de carácter. Su terreno de juego: la tierra, las estaciones y la cocina.

Y TODOS LOS DEMAS

Porque un lugar como casa coyaima nunca se construye realmente entre unos pocos, también están alex, don honorio, yon drey, duberney y todos aquellos que pasan regularmente para echar una mano, compartir su saber hacer, resolver un problema inesperado o hacer avanzar las cosas cuando hace falta.

Algunos están aquí desde hace mucho tiempo, otros aparecen con el paso de las temporadas o de los trabajos, pero cada uno deja su huella en la historia del lugar. Y si todo parece funcionar de manera natural, es muchas veces gracias a todas esas manos que no siempre se ven, pero que hacen posible esta aventura en el día a día.